miércoles, 21 de enero de 2009

¿Año de vacas flacas?



Las vacas que flanquean la puerta de Murillo en el Retiro no gozan de grandes ubres y amplias carnes, pero son muy saladas. Quizás quieran decirme algo sobre la maltrecha economía, quizás sobre mis perspectivas de mejora de tiempo de maratón este año, qui-lo-sá monamí.

El caso es que este fin de semana empecé el entrenamiento para una carrera antes del verano. Rozando la temeridad, el sábado hice un calentamiento de 8 kilómetros seguido de un rodaje rápido de otros tantos (a 4'11), y el domingo una carrera continua de 24 kilómetros (a 4'41). Un volumen de 40 kilómetros en dos días seguidos que me llevó a un total semanal de 86, que ya son palabras mayores para ir habituando el cuerpo a esas distancias. Y la osadía pudo salir cara, porque en el último mil del domingo tuve que parar y regresar cojeando por el dolor de siempre en la rodilla. Para más inri, ni siquiera bebí un trago de agua en todo el recorrido. Afortunadamente no hay nada que el ibuprofeno no haya podido resolver y el lunes estaba de vuelta al Retiro.

Se me había olvidado lo aburridas que se hacen estas tiradas largas. Con el frío de estos últimos días (aún persistían tramos con nieve congelada), corriendo-prontito-enelJuanCarlos no te cruzas con casi nadie, pero cuando terminas la tirada te has cruzado con casi todos. Y si un 10 mil por el JC ya te permite ver todo el parque, más de 20 mil te permiten tutearte con las encinas.

Suerte que tuve de poder perseguir durante unos 8 kilómetros a tres corredores que iban a buen ritmo, que pese a ser algo más fuerte del que yo debía me ayudó a pasar el tedioso trago. Eso sí, ya empezaban a inquietarse de la omnipresencia de un tipo que se mantenía en la media distancia haciendo exactamente los mismos giros y recovecos sin llegar a unirse al grupo. Antes de que decidieran volverse y darme una paliza o apretar hasta que yo petase, decidí discretamente cambiar el rumbo de mi galera.

Y colorín colorado, esta historieta de corredor se ha terminado.

viernes, 16 de enero de 2009

Más coches, menos crisis, más cambio climático


Me ha llamado la atención la siguiente la información que he leido en la última revista de Greenpeace:

- En 2010 pulularán en el mundo… 1.000 millones de coches. Sí, mil millones de coches. Consumiendo, polucionando y requiriendo carreteras para circular.

- El 12% del CO2 mundial proviene de las emisiones de los coches, porcentaje que no ha hecho más que crecer.

- En España el 25% del CO2 proviene del transporte. Prácticamente se ha duplicado la cifra desde 1998, como se ha duplicado el número de coches.

- La industria del automóvil, para evitar la regulación de la UE, se comprometió en 1998 a reducir en diez años las emisiones medias por vehículo, de 180 a 140 gr/km. En 2008 la media es 159 gr, por lo que no lo han cumplido y se han perdido 10 años.

- Frente a las subvenciones estatales que clama y va a recibir el sector del automóvil a cambio de ninguna obligación, Greenpeace propone exigirles como contrapartida el desarrollo de coches menos contaminantes.

- Los modelos menos contaminantes de cada marca no son los más vendidos, y se siguen fabricando y comercializando los modelos más contaminantes.

Leyendo esto me indigna toda la publicidad engañosa de coches “ecológicos”, acompañada por los paupérrimos incentivos para adquirir coches menos contaminantes (ahorro del impuesto de circulación… guau, ¡qué detalle!) o las ridículas medidas de fomento de transporte alternativos (fantástico carril bici el de Madrid, para dar vueltas por la M40 sin llegar a ningún sitio; gracias Metro por permitirnos subir un máximo de dos bicis en el vagón de cabeza, pero es que a partir de las 10 trabaja poca gente).

Cada uno que saque sus conclusiones. Siempre se puede negar la mayor y a estas alturas autoconvencerse de que no hay cambio climático (no quiero mencioZNAR a nadie), o ya puestos, que la vida es sueño, y los sueños, sueños son. En este caso, quizás pesadillas.

miércoles, 14 de enero de 2009

Buscando un objetivo: Maratón 2009

Vencido el 2008 y derrotado holgadamente el objetivo del año, llega el momento de decidir las metas de 2009. Y puntualizo decidir, porque llevaba ya varios meses dando vueltas al tema sin llegar a nada, ya un poco exasperado por mi indecisión. Pero por fin, como dicen los ingleses, el amanecer vino sobre mí y he llegado a la conclusión de que este año quiero dedicarlo a la larga distancia, sin descartar el circuito de 10 miles del último trimestre. Traducido, correr en 2009 un mínimo de dos maratones y de paso tres o cuatro medias (lo mismo que en 2007, con alguna media más).

Paradójicamente me he decantado por los 42 y pico por pereza: después del esfuerzo reciente no me veo con fuerzas para plantearme bajar de 38 minutos en diez mil (todavía…, todo llegará). Pero también estoy convencido de que la preparación para las carreras “cortas” de 2008 será una magnífica base de calidad para maratón, para correr bien en largo hay que hacerlo en corto, cosa que espero probar.

Pero las variables de la fórmula de la velocidad son dos, y decidido el espacio resta el tiempo, y ahí no tengo clara una marca ni estoy convencido de querer fijarla. Creo que es probable y asequible mejorar mis tiempos en media (1:28 el pasado septiembre), pero no tengo tan claro estar preparado para asaltar las 3 horas en maratón. Como bajar de 40 minutos en 10 mil, ésta es otra de las líneas en el agua que en teoría marcan el nivel de los populares. Son en el agua porque la Teoría del Veneno de los Tiempos hace que se borren inmediatamente después de alcanzadas, y sean la eterna zanahoria de todo corredor que mire el cronómetro.

Además, como de momento ni siquiera sé cuál será el primero, mejor no preocuparme del tiempo. Para empeorarlo, por las semanas de entrenamiento que se requieren para ir bien a esta guerra, probablemente deba ser Madrid, con lo cual es fácil que no solamente no baje de 3 horas sino que empeore mi mejor tiempo (3:11). Porque, para información de no corredores o forasteros, Madrid es una ciudad en la montaña (es la capital más elevada de Europa haciendo honor a que España es el segundo país más montañoso), y un buen tiempo en su maratón tiene handicap. Vamos, que Gebre no vendría a batir el record del mundo ni cobrando 10 millones.

Mi primera inquietud en el entrenamiento no son los ritmos, sino aumentar rápidamente el volumen de kilómetros semanales y que mi serrano cuerpito absorba 80-100 kilómetros semanales para ponerme a nivel de los compañeros maratonianos del Retiro, que ya están maduros para poder correr Barcelona o Sevilla en breve (esto es, no llegar a perder de vista sus cogotes en una distancia abochornante).

Y como tampoco hace falta una tesis doctoral para poner un pie delante de otro, se acabó la reflexión. Solamente necesito conseguir y seguir un buen plan de entreno, y sobre la marcha, decidiré primero dónde y después en cuánto corro el maratón, de momento sin cariño, en masculino.