jueves, 16 de julio de 2009

Jueves de (poca) calidad

O de despropósitos. El claro día asomó después de una noche turbia y me sorprendió luchando contra las sábanas movedizas que me atraían hacia sí. Me costó lanzarme a la calle, mirando de reojo la perspectiva de hacer calidad, pues hoy es jueves y la tradición oral lo exige.

Llegado al punto de lanzamiento, con premura porque como dicen los gabachos me he elevado tarde de la cama, me dispuse a ejecutar una tocata y fuga de 7 kilómetros en 28 minutos, como manda mi planificación, único vínculo con la disciplina de partido que me queda.

Sin terminarme de ver en esa tesitura, porque me siento cansado por la falta de sueño y los 2 kilómetros que nadé ayer, inicio la gesta, que se torna gestilla y más tarde derrotilla porque sólo 2 kilómetros decido unilateralmente cambiar el objetivo del día a un rodaje patatero de 10 kms. Claro, como se me hace tarde… me miento, y a la ducha.

Más tarde, al mediodía, dispuesto a sacudirme el mal sabor a flojo con unos largos, me lanzo cual Moby Dick a la piscina olímpica para salir escaldado como un pezqueñín al cabo de 8 largos. Hastiado de mi batalla contra un colegio que ocupaba todo un fondo y un grupo de acérrimos nadadores de anchos y de medusas gigantes, tomo en vez de tirar la toalla y pego la segunda espantá del día.

“¡¡Indulgencia, indulgencia!!”, clamo ante el destino. Y un hada madrina me transporta a mi cercana casa, y me pone en la mano una consoladora Erdinger, medio litro de cerveza de trigo turbia que me recuerda que no solo de deporte vive el hombre.

Mañana será otro día.

 

martes, 14 de julio de 2009

Chorizos deportivos

Hoy no tengo ganas ni de poesía ni de prosa. Esta mañana estaba de muy buen humor, porque ayer al mediodía incorporé a mi rutina la natación, ya que para no perder la costumbre de cambiar la comida por deporte me fui al polideportivo de Hortaleza y me casqué 1100 metros, habiendo entrenado por la mañana en el JC1. Y eso que los primeros largos casi me detenía, por lo menos para vaciar el agua a las gafas.

Y esta mañana, con las agujetas de nadar de ayer, yo solito con mi Seriescefa he podido con 14x400 en dos tandas, con sus 45 segunditos de rigor de descanso y todo, entre 1:23 y 1:29. El entorno, muy agradable, aunque me hayan acompañado solamente los patos hay una buena medida de 400 metros en el JC1, alrededor del lago, a ver si tengo un rato para subirla al blog. (http://www.gmap-pedometer.com/?r=3002969)

Pero lo que me ha traído de vuelta a este mundo ha sido que después del entreno, cuando he ido a coger la bicicleta para ir al trabajo, el viejo hierro no estaba. Después de más de un año abandonada cada día en la boca del metro, el chorizo ha tenido que venir al cuarto de bicicletas de mi casa a llevársela. ¿Será esto un presagio para practicar el triatlón…?

En fin, un cuento del conde Lucanor contaba que un pobre se lamentaba de su suerte mientras comía altramuces (una legumbre muy basta), hasta que vio a otro más pobre detrás de él comiendo las peladuras. Espero que le aproveche al ladrón, me da un poco de pena ya que la compré con mis ahorros el último año que estuve en el colegio, pero si lo entiendo como un tipo de reciclaje y así aumenta su vida útil… ve en paz amiga, hemos hecho muchos kilómetros por montaña, caminos y ciudad.

Chorizo: cuídala y no olvides robar unas zapatas para el freno trasero, si no quieres dártela. Manga también una llanta delantera, que ésta tiene un golpe.

Quería también agradecer los mensajes de despedida que habéis ido colgando estos días. Es bueno saber que hay alguien que lee esto al otro lado.

 

lunes, 13 de julio de 2009

Trotada Prima

Erase que se era un corredor que llegó a un lugar nuevo, el parque Juan Carlos I. Andaba un poco despistado, porque venía de la escuela de gladiadores del Retiro y no solía correr solo. Aún así, cuando el sol dio un pingoleta en el cielo, se tiró de la cama, se calzó sus zapatillas y se lanzó al camino para cumplir con sus deberes antes de afanarse en sus otras tareas del día.

Y llegando al parque se encontró con unos pájaros entre unas ramas, y les que preguntó -¿queréis correr conmigo?, y los pájaros le contestaron, -pi pipi… piérdete pichula!. Y el corredor puso un mohín y siguió solo, hasta que dio con un pájaro carpintero apoyado en un tronco, al que preguntó -¿quieres correr conmigo?, y el pájaro carpintero le contestó, -toc toc, toc… tócamelos!. Y el corredor arrugó la nariz y prosiguió su camino a 4:40, hasta que encontró un grupo de patos en el lago, junto al borde. -¿Queréis correr conmigo? Y los patos le contestaron, -cua cua cua… cuánto nos gustaría, pero estamos desayunando!.

Y el corredor puso un mohín, y siguió su camino, hasta toparse con unas cotorras, a las que preguntó -¿queréis correr conmigo? Y las cotorras locas contestaron -co co… cómo nos gustaría! Cooo cooo cómo… y se perdieron en el cielo. El corredor puso cara extrañada, pero siguió su camino. Al atravesar el olivar, preguntó a los olivos -¿queréis correr conmigo?, y los olivos le explicaron, -“oooohhhh no somos hombres… somos olivos… cómo coño podemos correr contigo…?

El corredor pensó que finalmente había aprendido algo, y decidió aproximarse al siguiente humano que se cruzase. Así, cuando estaba a punto de saludar a otro corredor, por suerte en el último momento se dio cuenta de que no era un congénere, sino un futinero, que escuchaba música a todo volumen mientras arrastraba los pies a 6 minutos el kilómetro. “Guay em si eiiii…” se alejó la musiquilla. Oh, ya el corredor estaba a punto de tirar la toalla, cuando de repente, apareció alguien de la misma especie, sin aditamentos, ni zapatillas de tenis, ni cascos, ni gorras. Pero la sonrisa se le medio congeló en su boca, cuando se dio cuenta demasiado tarde que era un zombie con el rictus imperturbable de los que no saludan.

Entonces, el corredor puso rumbo a su casa para terminar 12 kilómetros a 4’40, hablando con los canales, las plantas y los pájaros, mientras pensaba en escribir sobre las increíbles aventuras que le habían acontecido en el JC1, donde nunca pasa nada, nada, nada… (eco que se pierde en la distancia; telón, luces).