viernes, 12 de febrero de 2010

Matinée

Hoy daba miedo salir a la calle. Hacía un frío que cortaba la cara, o lo que se me veía de ella, porque he salido con toda la artillería: cortavientos y cinta de membrana, guantes y mallas largas. Los dedos de los pies los he debido olvidar en casa porque no los he recuperado hasta la vuelta.

La noche cubría las calles y los coches se movían con furia, como glóbulos rojos pululando por las arterias de la ciudad, pero transportando en vez de oxígeno estrés. Dentro de las fugaces lucecitas que desesperadamente intentaban saltarse los semáforos se vislumbraban entes semihumanos atrapados en su interior, que sacudían la cabeza adormecidos mientras yo sentía lástima por sus prisas.

Me dieron la bienvenida al parque los tres bajo cero de la marquesina junto a la entrada. Dentro, bajo su iluminación escasa y fantasmagórica acechaban en los oscuros caminos charcos cubiertos con un cristal de hielo y baches invisibles, de los que te golpean en la columna cuando no los pisas bien. Poco a poco fueron desvelados por la luz del alba, que teñido en rojo partió en dos la vista de la línea de árboles sobre el espejo del lago. Y yo, tras el shock inicial del frío y el entumecimiento (5:35 el primer kilómetro) ya rodaba potente y tranquilo como una locomotora para completar un diez mil en 45 minutos.

Y esta fue la crónica desde mi imperio, donde hoy sólo había un corredor.

 

lunes, 8 de febrero de 2010

Correr por la mañana

"La mañana es el mejor momento para correr del día. Antes de ir a trabajar o a ocuparnos de nuestros quehaceres diarios, es ideal llevar a cabo nuestra rutina, ya que activa el cuerpo para toda la jornada. Es muy recomendable tomar un depurativo antes de salir a hacer ejercicio, o un desayuno no muy copioso, para que el cuerpo esté vacío de glucógeno desde la cena de la noche anterior y queme la mayor cantidad de grasas posible".

O una parida parecida leí en algún sitio. Sin entrar en las virtudes de estos consejos, porque entrenando me importa un bledo si activo o no o quemo grasa o no, esta mañana cuando sonó el despertador le pegué un manotazo para seguir durmiendo otros diez minutos, y luego lanzarme como un poseso caminito al Juancarlos para trotar lo que pudiera antes de la hora habitual de llamada. Eso sí, me depuré con un trago de agua del grifo, el desayuno de los madrugadores.

No sé si fue por el puerto de ayer, la caída, lo temprano del día o todo, el caso es con la misma sensibilidad en el cuerpo que un geiperman no recuerdo peores sensaciones ni ritmos desde hacía tiempo, con las piernas pesadas y doloridas. De premio un chaparrón que me cayó encima mientras recordaba los consejos para futineros super fashion que he recopilado en el primer párrafo.

Pero como cada vez que he salido a correr, he vuelto satisfecho a casa. Cansado, magullado, mojado, pero satisfecho. Mañana pruebo lo del depurativo. O no.

domingo, 7 de febrero de 2010

Subida al puerto de Canencia

Me estoy convirtiendo en un dominguero monotemático con mis artículos. Pero al igual que los corredores dejan para el domingo sus salidas largas, lo mismo hacen los ciclistas.

Hoy subí mi primer puerto, Canencia, aprovechando que estrenaba mi flamante cassette Shimano Ultegra 11-23, que dicho sea de paso al ser cromado no ha dejado de darme la impresión de que he tuneao la burra. Pero mola.

El tiempo me ha acompañado y los hados me han sido propicios para poder superar la pendiente del 8-9% que marcaba mi Garmin desde que llegué al pueblo de Miraflores, aunque haya tenido que pedalear enganchado con el plato pequeño y el 21 ó 23, o sea, todo lo que daba.

El paisaje era impresionante, aunque en mi situación poco podía disfrutarlo, ocupado como estaba echando madera a la caldera para escalar. Vi montones de nieve en la cuneta, encinares y bosques espesos, y llegando al puerto pequeños arroyos corriendo por la ladera.

Cómo no, tocaba novatada, que pudo ser seria, pues a la entrada de una de las primeras curvas de la bajada, al frenar se me ha cruzado la rueda trasera en un giro de 180 grados y he dado con los huesos en el suelo cuando bajaba a buena velocidad. Rápidamente me he incorporado, he revisado que la bici estaba bien y yo también, por ese orden porque estaba a 50 kilómetros del coche, y de vuelta antes de quedarme frío y sentir el golpe.

Sin más novedades es una bajada rápida hasta la Academia, total, 92 kilómetros en 3 horas y media. Parte de guerra: agujero en la malla, agujeros en las polainas, rozón en el sillín, en un pedal, en el cambio. Agujero en el guante. Gran rozadura en el muslo derecho. Enorme satisfacción por haber coronado mi primer puerto, y comprobado que el nuevo juego de piñones no sólo me permite subir mejor sino que los cambios son más suaves. Y nueva experiencia para tener siempre en cuenta: cuidado en los descensos, las ruedas pueden patinar y el accidente puede ser importante.

Y mañana, comienza otra semana como la anterior, colmada de compromisos laborales, hasta tal punto que si no me levanto con los pájaros para entrenar me convertiré en un deportista sedentario de los que salen los fines de semana. Es tan duro encontrar el momento como aprovecharlo, suerte a todos los que tienen que hacerlo de continuo... Porque tú lo vales.