martes, 11 de mayo de 2010

El Globish

He leído recientemente varios artículos interesantes sobre el Globish, que es el idioma del globero lingüístico porque en mi opinión es el idioma de los conformistas.

Básicamente, es un inglés de gramática simplificada y vocabulario limitado, hablado con pronunciación y acento local entre personas no anglosajonas. Por supuesto, al estar completamente fuera de la cultura de esa lengua, es total el desconocimiento de cualquier palabra coloquial de alto nivel (¿cómo se dice a un niño "haz pipí en el váter"?), ni decir nuevos giros o términos.

Pero para mí lo original de la idea es que explica gráficamente por qué dos no angloparlantes se entienden perfectamente entre ellos y sin embargo son incapaces de comunicarse al mismo nivel con alguien con lengua inglesa instalada "de fábrica".

Esta semana he estado reunido por trabajo dos días seguidos con franceses, desaprendiendo el inglés, y no he dejado de pensar en el Globish con hilaridad, cada vez que escuchaba un palabro adaptado directamente del francés o en lugar de una aburrida frase técnica me parecía oir cantar a Carla Bruni. Seguro que Seispir estaría horrorizado.

Horrorizado como yo ante la idea de dejar de entrenar dos días seguidos a cambio de sendas comidas de representación, repletas de los mejores tópicos manidos en el más puro y lustroso Globish. Pero ya amanece poco después de las 7 de la mañana, lo justo para desayunarme con 11 kilómetros, y como decimos en mi nueva lengua, "walk I jot and laf the pípol".

sábado, 8 de mayo de 2010

Salida marrotada

Buena tarde para leer, cuando el tiempo está desapacible fuera y uno ha hecho sus deberes la tranquilidad del hogar es preciosa. He terminado la trilogía de Alexandros, de Valerio Massimo Manfredi, y La Conquista de Alejandro, de Steven Pressfield, y doy por concluido mis lecturas sobre este señor. Curioso el Alejandro, me ha dado la impresión de no saber qué quería ni donde parar, más preocupado por conquistar que consolidar y reinar.

Los libros son recomendables, y muy fidedignos, por lo que he podido contastar con la wikipedia. Pena del último libro de la trilogía que no engancha tanto. Me ha pasado lo mismo que con la peli del Titanic: joder, si al final se hunde, menuda gracia de final que ya lo conozco.

He empezado Las Guerras de las Galias como me recomendaron, pero de momento no me engancha mucho. Cuando leo historia me gusta tener una visión más amplia y explicada, y cuando leo novela histórica me gusta que me lo adornen. El Julio César no creo que llegase a mucho como escritor. Seguro que acabó de guionista de Berlusconi en Telecinco.

Esta mañana me dio pereza madrugar para coger la bici, aunque llevo sin hacerlo un par de semanas y supongo que no es la mejor preparación para un triatlón. Son ya quince días entrenando seguidos, y necesitaba dormir en condiciones.

Pero por la tarde me picó el gusanillo y decidí salir, con poca fortuna ya que a los 7 kilómetros tuve que dar la vuelta, no por miedo a mojarme sino a caerme. Aún recuerdo la costalada bajando de Canencia por la carretera húmeda. y casi he estado a punto de repetirla porque se me ha ido la rueda trasera en un par de ocasiones, afortunadamente la peor ocasión ya tenía el pie fuera de las calas.

Pero como a este cura no me importa el agua, he dejado la burra y rápidamente me he lanzado al Juan Carlos en mitad de la lluvia, que ha despejado el parque de paseantes para que yo corriese a gusto. Me ha impresionado la cantidad de adolescentes con bolsas de supermercado buscando donde ir a hacer su botellón. Cuando a las pulgas se les muere el perro, escapan en tropel antes de que se enfríe.

El rodaje de 9 kms después de 14 en bici me ha salido a 4:15. Ayer estuve nadando 4 series de 500 en 10 minutos, que no es una maravilla como tampoco lo es mi forma en bici, pero creo que es lo suficiente para hacer un tiempo digno en un triatlón. Voy a buscar un olímpico, creo que no estoy rápido para un sprint (ni me apetece mucho estrés) ni tampoco tengo fondo para un medio ironman (miedo a la media del medio).

Y hablando de nadar, que alguien me explique qué razones impulsan a una mujer de la tercera edad a meterse en una calle nadando de espaldas en zig zag interrumpiendo a alguien que hace series a crol, despreciando la compañía de otra viejecita en la calle adyacente. ¿Atracción al peligro? ¿Deseo hormonal? ¿Carencia absoluta de capacidad de reflexión? Temo por mi vejez, los que frecuentamos la piscina y el anillo verde estamos demasiados expuestos al Alzheimer.

jueves, 6 de mayo de 2010

Magreando en el Juan Carlos

Hoy ha sido un día duro para unos y menos para otros. Celebrando que era jueves y es el día mundial de la calidad, por ser original decidí marcarme unos miles junto al lago, en un día fresco y soleado de los que echaremos de menos cuando el calor golpee fuerte en Madrid y se nos termine la primavera de dos semanas.

Un par de kilómetros de calentamiento, y en sus marcas al inicio del mil. Oh, una parejita, sobándose con fruición detrás de una gran estatua consistente en ondas cubiertas de césped. Creo que piensan que a este lado no les verán. Empiezo el mil, controlando zancada corta y frecuencia, y el tipo mientras se despoja de la camiseta. 3:52.

A la vuelta del segundo, al cabo de un minuto ya he bajado a 140 pulsaciones y eso que lo he hecho en  3:46, y ella está zafándose del abrazo y escondiéndose traviesa en una fosa que hay alrededor de la estatua, que habitualmente está llena de agua pero está vacía. El descanso de minuto y medio se acaba rápido, y allá voy.

Anda, al final del mil al otro lado de la ría está mi cuñado con un grupo haciendo 500. Cuando recupero el aliento le jaleo haciendo bocina con las manos. Saludo a un orondo sesentón que también se ha quitado la camiseta y hace movimientos con los brazos estilo karate kid. Dar cera, pulir cera. Otro minuto y medio que ha pasado en un segundo, y a por el cuarto.

La parejita ahora está espachurrada encima de la estatua, en una de las concavidades. Ya rondo las 160 pulsaciones al terminar el mil. Una pareja de tortugas se zambulle cerca, y me voy de nuevo a ver al señor de la bici en un viaje de 3:45 minutos.

"Qué duro es hacer deporte, pero si quieres tener salud..."- me dice el nuevo converso. "Sí", contesto pensando en mi post de hace unos días de No Hagas Deporte, y avergüenzo a mi cuñado de nuevo gritándole "!!ánimo machacalos¡¡". Y sin más tiempo, de vuelta al inicio. Zancada corta controlada, frecuencia rápida, relájate en el sufrimiento, dice la voz interior de mi sen sei, si lo tuviera.

Llego con 180 y alguna pulsaciones, medidas en la carótida. La parejita se ha incorporado muy digna, se han vestido y marchan de la mano. A mí me queda uno para terminar este magreo de miles, como fin de fiesta decido un cambio de ritmo a mitad de camino y todavía me da tiempo a sobrepasar a un grupillo de menos nivel que hace 500s al otro lado en mi misma dirección. 3:40.

Cruzo el puente y saludo al grupo bueno del cuñao que sale para otro 500, esta vez son ellos los que me gritan que me una, pero solamente pensar ahora en una serie corta más fuerte hace que me duela como si ya me hubiera lesionado.

Trote para casa, los tres satisfechos, yo con los 3:46 de media y la parejita supongo que también (no sé si con esa media).

Y ésta fue la crónica desde el Juan Carlos, donde nunca pasa nada y hoy pasaron muchas cosas.