miércoles, 7 de julio de 2010

Semana flotante

Un poco flipao sí he estado esta semana, sobre todo el lunes contando la hazaña en la oficina, recibiendo saludos y enhorabuenas de amigos y conocidos por haberme licenciado en Triathlón. Pero esto no ha hecho nada más que empezar, porque lo que se impone ahora pasado el trago de "mi primera vez" es un poco de racionalidad en mis entrenamientos. También me ha quedado claro que tengo mucho que aprender y mejorar nadando, pero también me faltan kilómetros en bici.

Desde la competición hasta hoy he nadado con pullboy, para no mover el tobillo dañado mientras lo recuperaba con un cóctel de pomadas (voltarén+ibuprofeno+trombocid), pero me ha podido el mono y este mediodía me lancé a la sopa espesa de aire a casi 40º que se respiraba hoy en el JC1. Me apetecía mucho correr y me daba igual.

Con sólo unas mallas cortas y una buena capa de protector solar, he ido haciendo el via crucis de las fuentes, porque cada 2 o 3 kilómetros debía meter la cabeza debajo de un chorro. "En verano busca la sombra el galgo". Juá. Hasta un solitario coche de policía se ha parado para ver si me desplomaba o algo así, quizás de puro aburrimiento porque la densidad de población del JC1 era menor que en el Gobi. Quizás por pura alucinación he estado a punto de lanzarme al lago, a jugar con las carpas, pero eso se postpone para el Triathlón del 18.

Al final no ha estado mal el rodaje, el ritmo en torno al 4:30 ya empieza a ser un hábito y no hay quien me saque de él en cualquier circunstancia o clima. Y después de los 10 kilometrillos de rigor, ahora sí un buen baño en solitario en la piscina. Sin carpas y viendo el fondo. Nada es perfecto.

domingo, 4 de julio de 2010

V Triatlón de Villameca

Después de una mañana de tormenta, tanto de mis nervios como de los cielos, el día se aclaró y el sol brilló sobre el agradable entorno del embalse de Villameca. Pinos, montañas y aguas tranquilas.

"No hay traje de neopreno. La temperatura del agua supera los 23º". Recojo mi dorsal y ritualmente preparo mi bicicleta: pego un gel ya abierto al cuadro; coloco el bidón de agua, el espray antipinchazos y un cilindro de CO2; pego las pegatinas de la bici y del casco; saco los dos pares de zapatillas; el portadorsal, las gafas y el gorro y voy para boxes a dejarlo todo.

Nos hacen entrar en el agua por orden, y nos colocan detrás de una tira de plástico. Algunos calientan, la mayoría solamente esperamos.


¡¡Bocinazo!!


En esta ocasión mi objetivo es no zigzaguear y evitar nadar más metros de la cuenta. Yo lo consigo, no así algunos que se van chocando conmigo todo el camino. Recibo una patada en los dientes pero afortunadamente no en las gafas. Y muy tranquilo, termino todo el recorrido consistente en dos vueltas a un triángulo formado por tres boyas.



Cuando salgo, me sorprende que todos lo hacemos caminando. Escucho por los altavoces "los últimos participantes van abandonando el agua". ¡Vaya hombre! Si finalmente sólo sería el 98 de 139 llegados, no es para tanto...

¡A la bici! Llegamos cuatro al tiempo al mismo corrillo y veo cómo salen todos más rápidos que yo. Mmm esto hay que practicarlo. Muchos dejan las zapatillas en los pedales y me comen medio minuto. No obstante, el recorrido me resulta muy cómodo, hago una media de más de 33 km/h y en ese momento hasta pensaba que lo estaba haciendo muy bien, incluso adelantando a varios... la realidad, posición final 105 en este segmento. Pero sobre todo, no he pinchado, ¡pulgares arriba!



Otra transición, más rápida pero aún mejorable, y descorazonadoramente muchas bicis, al contrario que en la anterior. Pero dos buenas noticias: voy a terminar mi primer triatlón, y ... ¡yo soy un corredor infiltrado! Mi chica me grita al salir, "¡venga, que esto es lo tuyo!" y de la emoción me pongo por debajo de 4', pero en seguida corrijo ritmo, las piernas están muy tocadas y hay montones de cadáveres en el camino. Gel con cafeína, y a pisarlos.



El recorrido consiste en tres vueltas por caminos de un carril por los que los corredores vamos casi en fila, en sentido contrario uno por cada rodera. Para complicar el circuito, hay un par de buenas cuestas con sus bajadas, y una nube de polvo nos envuelve literalmente. Hace calor, pero hay varios avituallamientos de agua cada pocos kilómetros, con niños entregando las botellas. ¡Cómo no cogerlas!

Empiezo a adelantar a uno tras otro sin cesar, y me sorprende que todos éstos que ahora están casi parados han sido más rápidos que yo en el agua y en la bici. Pero así es el triatlón. Seré el 26 de este segmento con un ritmo medio de 4:20. Puf, si esto es casi como un rodaje... con un calentamiento variado antes.

No es fácil sobrepasar a alguien, hay que saltar al centro del camino, con vegetación, con cuidado de no chocar con el corredor de frente, y de vuelta a tu rodera. Eso conlleva un gasto de energía adicional, que a estas alturas no sobra. No me atrevo ni a mirar el ritmo del segmento, sólo los kilómetros restantes. Y para colmo de males, coño Toño (eso pone su traje), un bombero que se resiste a que le pase sin más y me pisa los talones hasta la última cuesta, en la que tengo que aplicarme con mi pin-pín (marca registrada) para marcharme solo.

Huelo a meta, los últimos 300 metros no veo a nadie a quién pillar ni que me siga, pero aprieto. Porque esto ya no me lo quita nadie. Bajo un desangelado y sencillo arco de goma recibo satisfecho mi licenciatura con un aprobado, el 76 de la "oposición".

Ha sido duro, aunque menos que el Duatlón de Espinosa. Me marcho con los pies sangrantes, con varias ampollas, y una torcedura con derrame por los saltos por las roderas. Pero feliz. Ahora ya sí soy triatleta.





viernes, 2 de julio de 2010

Avistado nuevo cretino en el Anillo Verde

Se incorpora al registro taxonómico de la fauna que pulula el Anillo Verde “Ciclista” el denominado Ciclista Canis. Dícese del individuo que pedaleando con chanclas sujeta con un brazo la correa de un perro, mientras zigzaguea para evitar perder el dominio del centro del carril. Calificado como espécimen peligroso, solamente comparable en fiereza al Senectus Canis (vejet@ con perro suelto), Ciclista Dorsalis (ciclista con estrés post traumático que le obliga a mantener el dorsal de una pasada y su actitud agresiva) y la Doncella Socialis (muchacha o muchachas que conversando entre ellas o por el móvil siguen con la exactitud de GPS el centro del carril).

Sin ser mortales como el Conductor Filioramerus, que adopta actitudes agresivas hacia el ciclista que intenta cruzar un paso de cebra o un semáforo porque escapa a su alcance depredador, debe emplearse mucha cautela en la aproximación a estos ejemplares. Son imprevisibles tanto si se les ignora como si se les intenta inculcar un mínimo de comportamiento cívico. Sus receptores neuronales están bloqueados con extraños conceptos de libertad y derechos que les impide tener conciencia de los demás seres y menos respetarlos.

Otro día escribiré sobre la rama de la familia de peces payaso que habitan este coral urbano.