¿Alguien tiene un personaje favorito? Sea bienvenido al tablón del pataleo.
¡Mamás apresuradas! Educad a vuestros retoños en comportamiento cívico pitando al ciclista para que se aparte de su carril, para al segundo siguiente adelantarlo a la distancia suficiente para ver sus pupilas dilatadas de puro miedo. Haced luego algún chiste sobre las ridículas teorías del cambio climático y cantad la canción de Ilegales "soy un macarra, soy un hortera, voy a toda osxxx por la carretera".
¡Enamorados! No os limitéis a pasear cogidos de la mano por el carril bici. Extended los brazos y jugad a cadeneta, os divertiréis más y dejareis menos sitio para pasar.
¡Conductores demenciados! ¿Por qué limitarse a acelerar cuando un ciclista se aproxima o está encima del paso de cebra? Esperad un poco más y abrid la puerta cuando esté en medio, seguro que su expresión es hilarante. Luego tararead la nana que os enseñaron vuestros papás: "soy un macarra..."
¡Alcaldes de Madrid! No despilfarréis el dinero de los contribuyentes en faraónicas obras pseudoecológicas. Es más barato contratar guardias y desarrollar programas de educación vial, a lo mejor en 30 años nos parecemos a nuestros vecinos de Europa.
viernes, 28 de enero de 2011
jueves, 27 de enero de 2011
With Gusto
Sin mucha ambición he retomado mis entrenamientos coincidiendo con esta semana de frío y mal tiempo, pero al menos disfrutando con las endorfinas corriendo de nuevo por mis venas. Un par de rodajes a ritmos tranquilos, para acostumbrar de nuevo las piernas a los kilómetros y al impacto de muchas zancadas con la ayuda del entusiasmo de un grupo de corredores recién abducidos, buena compañía para salidas con charla y ritmos adecuados para volver a empezar.
El domingo pasado, con unos disuasorios cuatro bajo cero, en lugar de colgar la bici traicioné a mis principios y bajé a la estática con un par de revistas, sin nada previsto. Una resistencia floja, y a meter cadencia entre 90 y 100 pedaladas hasta dar la vuelta a los 99 minutos del marcador. Después de mas de un mes sin coger la flaca, no me apetece hacerlo sin un mínimo de preparación.
Y lo más agradecido de todo, nadar. No sé si por haber sido la actividad que he mantenido casi regularmente o por requerir tanta técnica, he sentido de nuevo la agradable sensación de deslizarme por el agua durante largo rato, sin el cansancio que me acompaña corriendo. He leído que al cabo de tres semanas sin entrenar el nivel de VO2 máximo se reduce en más de un 10%, y debe ser eso lo que noto.
También me he despedido de mi nuevo amigo el ganglión, también apelado con el poético nombre Quiste de Baker, que ha desaparecido tan discreto como vino, eso que el radiólogo lo midió y tenía 26 mms de diámetro, menudo el alien que pillé en la carrera Proniño. Ya sólo falta que el mes que viene el traumatólogo me diga que mi menisco está bien y seré un hombre feliz.
Poco a poco, y lo mejor, with gusto.
El domingo pasado, con unos disuasorios cuatro bajo cero, en lugar de colgar la bici traicioné a mis principios y bajé a la estática con un par de revistas, sin nada previsto. Una resistencia floja, y a meter cadencia entre 90 y 100 pedaladas hasta dar la vuelta a los 99 minutos del marcador. Después de mas de un mes sin coger la flaca, no me apetece hacerlo sin un mínimo de preparación.
Y lo más agradecido de todo, nadar. No sé si por haber sido la actividad que he mantenido casi regularmente o por requerir tanta técnica, he sentido de nuevo la agradable sensación de deslizarme por el agua durante largo rato, sin el cansancio que me acompaña corriendo. He leído que al cabo de tres semanas sin entrenar el nivel de VO2 máximo se reduce en más de un 10%, y debe ser eso lo que noto.
También me he despedido de mi nuevo amigo el ganglión, también apelado con el poético nombre Quiste de Baker, que ha desaparecido tan discreto como vino, eso que el radiólogo lo midió y tenía 26 mms de diámetro, menudo el alien que pillé en la carrera Proniño. Ya sólo falta que el mes que viene el traumatólogo me diga que mi menisco está bien y seré un hombre feliz.
Poco a poco, y lo mejor, with gusto.
sábado, 22 de enero de 2011
21 días
Si tuviera que dar un consejo sería: no te pongas unos parches Compeed. Puede que te vayan bien para los pequeños rozamientos en tus zapatos de tacón, pero si son unas heridas de una carrera de la que no quisiste retirar porque tu pundonor no te lo permitía, mal asunto. No sirven. El primer día van bien, pero después empiezan a tomar un extraño color debajo de su blanco que no da buena espina. Tampoco acompaña el olor. O sea, que a lo clásico, desinfectante y tirita para poder ponerse los zapatos, y si no al aire.
Por lo que he escrito está claro que he pasado muchos días con unas ampollas elevadas a la categoría de heridas. En concreto tres semanas. He corrido varios maratones y muchas carreras, y nunca había pasado por nada igual. Uñas negras, rozaduras, ampollas... Nada hasta esto. No sabía lo que era tener que tirar los calcetines por la sangre que los cubría. Y recordarlo a cada paso que daba con unos zapatos, apretando justo sobre la herida.
Al cabo de tres semanas ya no necesito tiritas. Ya no salen fluidos al quitar las vendas. Esta mañana me animé a correr 12 kilómetros, para terminar completamente desfondado. Sin ganas, sin control, pero disfrutando la vuelta. El hielo cubriendo la superficie de los estanques del Juan Carlos. Si hasta me sangraba la nariz al terminar, del esfuerzo. Pero un paso sigue a otro, y el anterior es indispensable. Y con la ventaja de que no estoy obligado a padecer las sesiones de calidad. Menuda despedida de 2010...
Por lo que he escrito está claro que he pasado muchos días con unas ampollas elevadas a la categoría de heridas. En concreto tres semanas. He corrido varios maratones y muchas carreras, y nunca había pasado por nada igual. Uñas negras, rozaduras, ampollas... Nada hasta esto. No sabía lo que era tener que tirar los calcetines por la sangre que los cubría. Y recordarlo a cada paso que daba con unos zapatos, apretando justo sobre la herida.
Al cabo de tres semanas ya no necesito tiritas. Ya no salen fluidos al quitar las vendas. Esta mañana me animé a correr 12 kilómetros, para terminar completamente desfondado. Sin ganas, sin control, pero disfrutando la vuelta. El hielo cubriendo la superficie de los estanques del Juan Carlos. Si hasta me sangraba la nariz al terminar, del esfuerzo. Pero un paso sigue a otro, y el anterior es indispensable. Y con la ventaja de que no estoy obligado a padecer las sesiones de calidad. Menuda despedida de 2010...
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