martes, 14 de julio de 2009

Chorizos deportivos

Hoy no tengo ganas ni de poesía ni de prosa. Esta mañana estaba de muy buen humor, porque ayer al mediodía incorporé a mi rutina la natación, ya que para no perder la costumbre de cambiar la comida por deporte me fui al polideportivo de Hortaleza y me casqué 1100 metros, habiendo entrenado por la mañana en el JC1. Y eso que los primeros largos casi me detenía, por lo menos para vaciar el agua a las gafas.

Y esta mañana, con las agujetas de nadar de ayer, yo solito con mi Seriescefa he podido con 14x400 en dos tandas, con sus 45 segunditos de rigor de descanso y todo, entre 1:23 y 1:29. El entorno, muy agradable, aunque me hayan acompañado solamente los patos hay una buena medida de 400 metros en el JC1, alrededor del lago, a ver si tengo un rato para subirla al blog. (http://www.gmap-pedometer.com/?r=3002969)

Pero lo que me ha traído de vuelta a este mundo ha sido que después del entreno, cuando he ido a coger la bicicleta para ir al trabajo, el viejo hierro no estaba. Después de más de un año abandonada cada día en la boca del metro, el chorizo ha tenido que venir al cuarto de bicicletas de mi casa a llevársela. ¿Será esto un presagio para practicar el triatlón…?

En fin, un cuento del conde Lucanor contaba que un pobre se lamentaba de su suerte mientras comía altramuces (una legumbre muy basta), hasta que vio a otro más pobre detrás de él comiendo las peladuras. Espero que le aproveche al ladrón, me da un poco de pena ya que la compré con mis ahorros el último año que estuve en el colegio, pero si lo entiendo como un tipo de reciclaje y así aumenta su vida útil… ve en paz amiga, hemos hecho muchos kilómetros por montaña, caminos y ciudad.

Chorizo: cuídala y no olvides robar unas zapatas para el freno trasero, si no quieres dártela. Manga también una llanta delantera, que ésta tiene un golpe.

Quería también agradecer los mensajes de despedida que habéis ido colgando estos días. Es bueno saber que hay alguien que lee esto al otro lado.

 

lunes, 13 de julio de 2009

Trotada Prima

Erase que se era un corredor que llegó a un lugar nuevo, el parque Juan Carlos I. Andaba un poco despistado, porque venía de la escuela de gladiadores del Retiro y no solía correr solo. Aún así, cuando el sol dio un pingoleta en el cielo, se tiró de la cama, se calzó sus zapatillas y se lanzó al camino para cumplir con sus deberes antes de afanarse en sus otras tareas del día.

Y llegando al parque se encontró con unos pájaros entre unas ramas, y les que preguntó -¿queréis correr conmigo?, y los pájaros le contestaron, -pi pipi… piérdete pichula!. Y el corredor puso un mohín y siguió solo, hasta que dio con un pájaro carpintero apoyado en un tronco, al que preguntó -¿quieres correr conmigo?, y el pájaro carpintero le contestó, -toc toc, toc… tócamelos!. Y el corredor arrugó la nariz y prosiguió su camino a 4:40, hasta que encontró un grupo de patos en el lago, junto al borde. -¿Queréis correr conmigo? Y los patos le contestaron, -cua cua cua… cuánto nos gustaría, pero estamos desayunando!.

Y el corredor puso un mohín, y siguió su camino, hasta toparse con unas cotorras, a las que preguntó -¿queréis correr conmigo? Y las cotorras locas contestaron -co co… cómo nos gustaría! Cooo cooo cómo… y se perdieron en el cielo. El corredor puso cara extrañada, pero siguió su camino. Al atravesar el olivar, preguntó a los olivos -¿queréis correr conmigo?, y los olivos le explicaron, -“oooohhhh no somos hombres… somos olivos… cómo coño podemos correr contigo…?

El corredor pensó que finalmente había aprendido algo, y decidió aproximarse al siguiente humano que se cruzase. Así, cuando estaba a punto de saludar a otro corredor, por suerte en el último momento se dio cuenta de que no era un congénere, sino un futinero, que escuchaba música a todo volumen mientras arrastraba los pies a 6 minutos el kilómetro. “Guay em si eiiii…” se alejó la musiquilla. Oh, ya el corredor estaba a punto de tirar la toalla, cuando de repente, apareció alguien de la misma especie, sin aditamentos, ni zapatillas de tenis, ni cascos, ni gorras. Pero la sonrisa se le medio congeló en su boca, cuando se dio cuenta demasiado tarde que era un zombie con el rictus imperturbable de los que no saludan.

Entonces, el corredor puso rumbo a su casa para terminar 12 kilómetros a 4’40, hablando con los canales, las plantas y los pájaros, mientras pensaba en escribir sobre las increíbles aventuras que le habían acontecido en el JC1, donde nunca pasa nada, nada, nada… (eco que se pierde en la distancia; telón, luces).

jueves, 9 de julio de 2009

Ultimos 10 kilómetros en el Retiro

Se acabó lo que se daba. Cuando este mediodía paseé hacia el parque de Madrid, era especialmente consciente de que era la última vez que hacía este recorrido. La rutina se convertía hoy era un tesoro especial a conservar en la memoria: atravesar la calle de Alcalá, vistazo a la derecha hacia Cibeles y hacia la izquierda la Puerta con los turistas de todos los días haciéndose las mismas fotos con las mismas poses; apretar el paso para cruzar Alfonso XII antes de que se cierre el semáforo; el largo de la verja hasta la entrada frente al Casón; los caminos de tierra que todos los días me manchan los zapatos y el bajo del traje…

El vestuario, afortunadamente semivacío porque el calor se llevó futboleros y padeleros, y nuestra ala hoy, for runners only. Salida al circuito de 5 kilómetros, para ir recibiendo los pésames de los que saben que te vas, no faltos de razón. Mi ánimo se va oscureciendo un poco, pero ¡cómo no! es jueves y de despedida toca calidad, así que negociamos 6 series de mil con un descanso de 1’30 (creo que me dejan elegir, la última comida del condenado), y nos vamos para el inicio del kilómetro marcado en el suelo del Angel Caído.

No va a ser un día de buenas sensaciones. Todo se subvierte hoy, la rutina se convierte en novedad, lo cotidiano en especial, el presente en pasado. Empiezan las series, mal ejecutadas porque si bien la media no ha sido muy mala (3’53), prácticamente las mejores han sido las primeras, cuando debe ser al contrario. Me desanimo, no veo la utilidad del sufrimiento en el día de hoy, y quedo retrasado en todos los kilómetros. En algún momento, a punto de abandonar.

Malos augurios verían los clásicos, cuando en una de las series, a más de 15 km/h, una paloma echa a volar desde la siniestra y golpea con fuerza sorprendente contra mi pecho, la muy idiota. Espero que no tenga la gripe aviar, al menos rebota hacia donde vino para neutralizar el mal fario. Y en esta tesitura, peores vaticinios ven los modernos, a la altura del kilómetro de regreso, dos jovenzuelos esnifan pegamento con una bolsa de basura.

Mi ánimo se torna lúgubre cuando adelanto a otro chico con una camiseta de Slipknot (a estos no les va a desfigurar mucho la muerte) que pone “All Hope is Gone”. En este desfile de despropósitos, una culturista con unos brazos y un torso descomunalmente insólito se cruza varias veces en nuestro camino. ¿Qué más puede pasar…? Esto parece una peli de David Lynch, solo falta el enano bailando al son del jazz.

De camino al vestuario, insisto en terminar el kilómetro 10 y me aparto del grupo. Cruzo algún “hasta luego” más, porque no quiero despedirme de nadie, y me dispongo a disfrutar en soledad de mis últimos mil metros “de cuando entrenaba en el Retiro”, a despedirme del parque, a reflexionar en que una parte de mí se queda allí a cambio de otras que me llevo. Oh, vaya, de postre un tipo sentado en un banco con la tez muy pálida irrumpe en mi momento de intimidad con una asquerosa mirada y una medio sonrisa que termina de ponerme de mala ostia. No comment.

Pero me encuentro con los compañeros y ya me olvido. Estiramientos, unas abdominales y a las duchas. Después de unos breves hasta-prontos sinceros, porque si son largos no son hasta-prontos sino hasta-nuncas, y ya solo de vuelta al curro, medito sobre lo que los malos escritores repiten “el inexorable paso del tiempo” y yo “que tarde o temprano estiras la pata y te meten en una cajita”. Siento que una puerta se ha cerrado detrás de mí, uno se da cuenta que estos años no volverán y que de repente se han convertido en recuerdos. Ahora, a abrir otra puerta, aunque sea a dentelladas. Como decía la exorcista con apariencia de abuelita de Poltergeist: Ven Ha-Cia La Luuuuuuz!!!!!!