lunes, 16 de agosto de 2010

XI Travesía a Nado de Porto do Son (o XVII Exaltación do Polbo)

De cómo me vi ganador de mi categoría en la travesía a nado de Porto do Son (14/08/10).

Firmado:
El Campeón de Porto do Son

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14:30. Sábado de vacaciones en un pequeño y delicioso pueblo costero de Galicia. Sol, placidez y alegría envuelven la mañana. Varias familias se encaminan a las carpas donde se lleva a cabo la XVII edición de la Exaltación del Pulpo (sorry, el polbo en gallego no es lo que pensabais...), sonido de gaitas y colas para recoger, en esta ocasión no los chips sino los tickets de las consumiciones. Más adelante, no daban el dorsal sino el alvariño y el pan y más allá, el pulpo.

15:00. Con un ambiente festivo las tres familias allí reunidas se dispusieron a dar buena cuenta de sendas botellas de vino y las raciones de octópodo. Alguien me preguntó si iba a participar en la travesía de 900 metros en la playa de Portosin, la marina de Porto do Son, prevista a las 17:00. "Ya veremos. Depende del pulpo".

16:15. Una vez ingerido la dosis proteica y el zumo de uva fermentado, con un pedete lúcido los adultos del grupo toman asiento en una de las terrazas de la plaza del pueblo. Los gintonics empiezan a circular, pero el nadador en ciernes, futuro campeón de Porto do Son se abstiene. Son muchas las tentaciones: el licor con viejos amigos, la siesta... como no es plan de vomitar en medio de la travesía, opto por conservarme.

16:40. "¿Bueno qué, vas a hacerla o no?" Me espetan mis contertulios. "Sí, un hombre tiene que hacer lo que tiene que hacer". El pulpo, el alvariño ya casi disipado y yo nos levantamos, dispuestos a seguir nuestro destino, en busca del coche. Varios borrachines me acompañan de asistentes en un viacrucis del club de la comedia. Al menos no me dejan oir mis pensamientos con tanta cháchara.

16:45. "¡¡Mis gafas de nadar!! Están en tu coche. ¿Que tienes que ir a por las llaves?". Ahhhh!!!

16:50. Arranco el coche y me encamino a Portosin, no hay sitio para aparcar más que al final pero por suerte allí mismo es el puesto de la organización. Mis acompañantes no dejan de farfullar paridas sobre mi "turbo".

16:55. "¿Llego a tiempo?" "Sí, date prisa que salen los cadetes primero". Me embuto en el neopreno a toda prisa, haciendo un pequeño corte en la manga, y corro hacia la arena donde distante ya salen los cadetes. Me quedo a un lado hablando con varios nadadores con neopreno, muy pocos, que me explican el recorrido porque no he llegado a tiempo de oírlo. Un señor mayor nos hace bromas sobre el traje y la temperatura del agua, pero no sé si sabe que con ello vamos a nadar más rápido.

17:00. Sin calentar ni humeceder las gafas suena la bocina. Corro hacia el mar y salto, y empiezo a nadar. El frío del agua (no creo que llegue a 20º) me desembota la cabeza. Afortunadamente no hay muchas olas. La primera boya se divisa bien, y engancho a uno que se la ha saltado y tiene que retroceder, yo me ciño bien para que tenga que esperarme. De camino a la siguiente boya tengo que ajustarme las gafas, no veo nada y hay muy poca gente para seguir a nadie, por lo que necesito ver por donde voy.

17:XX. Esto se hace muy corto, después de la tercera boya tengo que volver a ajustarme las gafas para buscar el recorrido más recto a la arena. Me he pasado un poco y voy en diagonal, apretando para llegar antes que otro nadador. Veo que sale del agua y yo doy unas brazadas más antes de incorporarme, que me dan ventaja. Me da la impresión de que no se ha enterado que esto es una carrera porque cuando echo a correr como puedo, con el mar por las rodillas, él hace lo mismo.

Entramos en línea de meta y yo inclino el torso lo que puedo para superarle, la gente nos aplaude sinceramente, agradeciendo el esfuerzo final, y nos damos la mano sonrientes. No sé que tiempo he hecho porque no me he puesto ni el reloj.

Hay muchos más espectadores que nadadores, que siguen entrando, y yo me encamino a buscar a mis padrinos. Siguen muertos de risa, me han perdido la toalla y se parten cuando me cambio de bañador como las marujas, tapándome como puedo.

Me caigo de culo al agua porque se ha aproximado alguien para hablarme en mitad de la operación, y me pone nervioso. Me pongo el bañador al revés para hilaridad de mis amigos, que empiezan a plantearse la posibilidad de constituirse como un dúo cómico.

Cuando me acerco a por mi camiseta conmemorativa, mi rival me llama porque la organización no me ha tomado el número. Me acerco y delante mío le dicen que yo he llegado primero. En ese momento empiezo a olerme que he podido quedar tercero en mi grupo de edad (>36). Los borrachines siguen dando voces sobre mi victoria, mi bañador al revés y las adolescentes que están viendo la prueba. También dejan tirado mi traje en el suelo y se llena de arena.

Nos quedamos esperando la entrega de trofeos, a continuación, porque el alvariño me ha dado mucha sed y espero también que den algo de beber. Cuando toca mi grupo, llaman al tercero que no está. El segundo es mi rival y yo ya empiezo a flipar. Me llaman al podio, y allí que subo con el bañador al revés, y llenando a todos con arena de mis chanclas al levantar la pierna. Mis padrinos gritan y jalean como locos.

Me dan la copa, estrecho un par de manos y me quedo mirando al público. Por un momento pienso que tengo que decir algo, porque todos están callados. Pregunto a mi compañero de podio qué se hace, pero él no sabe tampoco. Nos hacen una foto con un móvil, levanto un poco la copa como disculpándome por venir al pueblo a quitarles los trofeos y regreso a mi sitio.

Tengo que volver a cambiar la copa, porque me han dado el primer premio a la categoría femenina. Mis asistants están eufóricos. Quieren llenarla de gintonic.

Así, para mi estupefacción, soy el vencedor de mi categoría en la XI edición de la Travesía a Nado de Porto de Son. No sé si he ganado a muchos (¡¡al menos a otros dos!!), pero oigan ustedes, ¡qué se hubieran apuntado!



Y el primer trofeo que gano en mi vida, a la vitrina. Aunque el dulce sabor de la victoria me produce más risa que otra cosa. Si no, que pregunten a mis acompañantes...

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