jueves, 6 de mayo de 2010

Magreando en el Juan Carlos

Hoy ha sido un día duro para unos y menos para otros. Celebrando que era jueves y es el día mundial de la calidad, por ser original decidí marcarme unos miles junto al lago, en un día fresco y soleado de los que echaremos de menos cuando el calor golpee fuerte en Madrid y se nos termine la primavera de dos semanas.

Un par de kilómetros de calentamiento, y en sus marcas al inicio del mil. Oh, una parejita, sobándose con fruición detrás de una gran estatua consistente en ondas cubiertas de césped. Creo que piensan que a este lado no les verán. Empiezo el mil, controlando zancada corta y frecuencia, y el tipo mientras se despoja de la camiseta. 3:52.

A la vuelta del segundo, al cabo de un minuto ya he bajado a 140 pulsaciones y eso que lo he hecho en  3:46, y ella está zafándose del abrazo y escondiéndose traviesa en una fosa que hay alrededor de la estatua, que habitualmente está llena de agua pero está vacía. El descanso de minuto y medio se acaba rápido, y allá voy.

Anda, al final del mil al otro lado de la ría está mi cuñado con un grupo haciendo 500. Cuando recupero el aliento le jaleo haciendo bocina con las manos. Saludo a un orondo sesentón que también se ha quitado la camiseta y hace movimientos con los brazos estilo karate kid. Dar cera, pulir cera. Otro minuto y medio que ha pasado en un segundo, y a por el cuarto.

La parejita ahora está espachurrada encima de la estatua, en una de las concavidades. Ya rondo las 160 pulsaciones al terminar el mil. Una pareja de tortugas se zambulle cerca, y me voy de nuevo a ver al señor de la bici en un viaje de 3:45 minutos.

"Qué duro es hacer deporte, pero si quieres tener salud..."- me dice el nuevo converso. "Sí", contesto pensando en mi post de hace unos días de No Hagas Deporte, y avergüenzo a mi cuñado de nuevo gritándole "!!ánimo machacalos¡¡". Y sin más tiempo, de vuelta al inicio. Zancada corta controlada, frecuencia rápida, relájate en el sufrimiento, dice la voz interior de mi sen sei, si lo tuviera.

Llego con 180 y alguna pulsaciones, medidas en la carótida. La parejita se ha incorporado muy digna, se han vestido y marchan de la mano. A mí me queda uno para terminar este magreo de miles, como fin de fiesta decido un cambio de ritmo a mitad de camino y todavía me da tiempo a sobrepasar a un grupillo de menos nivel que hace 500s al otro lado en mi misma dirección. 3:40.

Cruzo el puente y saludo al grupo bueno del cuñao que sale para otro 500, esta vez son ellos los que me gritan que me una, pero solamente pensar ahora en una serie corta más fuerte hace que me duela como si ya me hubiera lesionado.

Trote para casa, los tres satisfechos, yo con los 3:46 de media y la parejita supongo que también (no sé si con esa media).

Y ésta fue la crónica desde el Juan Carlos, donde nunca pasa nada y hoy pasaron muchas cosas.

3 comentarios:

  1. ¿Y a cuántas pulsaciones llegaron ellos? ¿No lo mediste? ¿No lo preguntaste?

    ResponderEliminar
  2. Joder qué velocidad.

    ResponderEliminar
  3. No creo que les hiciera falta un dedo en la carótida o en ningún otro sitio...

    ResponderEliminar